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Al salir de la cárcel de las verdades el individuo sigue muerto y reproduce todos los patrones de muerte que en su mente guarda. La prisión de verdades te ayuda en teoría pero la experiencia arroja lo contario: apacigua la vitalidad. Consuela, y limita el deseo de nuevos horizontes para el individuo. El hombre no es capaz de salirse de su telaraña de muerte. De nuevo el individuo se queda en la soledad reflexionando, dando vueltas sobre sí mismo al no encontrar en el mundo otra persona con valores como lo suyos. El hombre consiente sabe que su conciencia es una mentira, y que está solo. Todos vivimos de mentiras, esa es la maldición del hombre…y de la mujer también, cristina.
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